Montag, 29. Oktober 2018

Bartimäus

28/10/2018 Domingo 30° Ciclo B - Homilía Regina Martyrum, Buenos Aires
El encuentro con el ciego es el último milagro realizado por Jesús durante su vida pública, pero no es uno más; el relato depara interesantes sorpresas para los discípulos y para nosotros que quieren seguir a Jesús. 

Hermanos, hermanas:
Hace tres semanas fui a un concierto de ciegos, el coro nacional de ciegos y la banda sinfónica nacional de ciegos, aquí en Buenos Aires. La cantante de la misa del domingo a la tarde, la Señora que suele tocar la guitarra, cantaba en este mismo coro. Un concierto muy bueno que me gustó mucho. El director de orquesta dirigió el coro. Imagínense cómo ha lo dirigido. Los gestos no sirven si nadie le ve. ¿Entonces que hico? Daba signos de sonidos, como castañetear los dedos por ejemplo. Si claro, pero yo no sabía antes ni siquiera me imaginaba como se puede dirigir un coro de ciegos. Entonces para mí el concierto fue en lo cual comprendí más, un momento de ajustar la percepción, un cambio de perspectiva.
En el evangelio de hoy Jesús nos invita a cambiar nuestra perspectiva, ajustar nuestra percepción y ver, ver con los ojos de la fe, con el corazón: Cómo es seguir a Jesús, cómo podemos vivir al estilo de Jesús. San Marco nos presenta al ciego, al mendigo ciego que está sentado en el camino de Jericó a Jerusalén, como un ejemplo para los discípulos. En el camino Jesús planteó a sus discípulos que tendría que sufrir y morir. Y ellos no entendían. Aprendieron paso a paso que significaba esto. Este encuentro con el ciego tiene como correspondencia el encuentro con el joven rico que quiso seguir a Jesús y no pudo, porque no quería dejar sus riquezas, que escuchamos hace dos semanas ¿se acuerdan? Bartimeo, sí, va a seguir a Jesús como uno de sus amigos.
En tres puntos quisiera mostrarles en qué el mendigo ciego era como un ejemplo para ellos y sigue ser como un ejemplo para nosotros.
Primer punto: Bartimeo sabe pedir. Sabe lo que quiere, sabe lo que necesita y sabe decirlo. El ciego ha entendido muy bien la buena noticia de Jesús y sabe también lo que necesita: ¡Jesús, hijo de David, ten piedad de mí! Con este grito da en el blanco del corazón de Jesús que es misericordia, que ha venido a salvarnos, por (viviendo) la misericordia de Dios. Cuando Jesús le pregunta: “¿Qué quieres que haga por ti?” no le pregunta por qué no lo sabe. Es obvio que necesita un mendigo ciego, ¿no? Jesús le preguntó porque quiso que se atreviera a decir lo que deseaba, lo que necesitaba. Fíjense en Bartimeo: él, que mendigaba, no pide una moneda tranquilizadora; pide ver porque sabe que es necesario para él. Y eso va a cambiar la vida de Bartimeo.
Muchas veces hoy en día sabemos que nos hace falta algo para vivir con alegría y confianza, pero no sabemos cómo encontrar el camino. Estamos triste, deprimido o ansioso, pero ¿para qué? Ojala que tengamos buenos amigos o buenas amigas para hablarles de esto. ¿Qué es nuestro deseo profundo? ¿Qué es nuestro anhelo? En Jesús tenemos un amigo. Le podemos decir lo que verdaderamente necesitamos para que seamos más conscientes de nuestras vidas.
Segundo punto: Bartimeo escucha la llamada de Jesús por medio de otros. No es Jesús que lo llama directamente. Dice a sus discípulos: “Llámenlo”. Entonces llamaron al ciego. Seguramente no escuchó a Jesús. Pero cuando llegaron las tres palabras de Jesús “¡Ánimo, levántate, él te llama!” por medio de otros, confía y se levanta. Porque siente que estas palabras son de Jesús. Sabe discernir.
Confío en esto que la llamada de Dios llega a mí por medio de otros. Todos los días el Señor nos dice algo, por medio de la Biblia, de la oración, pero también por medio de otros que encontramos en nuestra vida.
El sínodo de los jóvenes que recién terminó aclara muy bien que la vocación no es algo extraño o raro. “Cada vida es una vocación en relación con Dios“– afirma el documento final, “no es fruto de la casualidad o un bien privado que se gestiona por sí mismo.” ¡Toda vocación bautismal es una llamada! Y allí se necesita discernimiento para escuchar esa llamada de Jesús en medio de tantas voces distintas. Voces que nos quieren conducir al mal también. ¿Cómo es la llamada de Jesús? El ciego lo sabe, lo ve, porque tiene fe.
Tercer punto: Bartimeo no tiene miedo. Después de escuchar la llamada, enseguida comenzó de seguir a Jesús. Dejó todo (“arrojando su manto”), apostó lo todo a Jesús, de pie de un salto, le siguió con alegría. La primera lectura exprime muy bien este sentimiento de alegría y libertad de los hijos e hijas de Dios. Háganse oír, alaban a Dios por la salvación. Nosotros hoy también somos parte de esta gran asamblea, de este pueblo de Dios. Allí están ciegos y lisiados, mujeres embarazadas y con bebes – todos personas vulnerables, muchas veces oprimidas. Según la lectura: ¿Qué tienen en común? ¿Por qué están nombrados? ¡Porque no tienen más miedo, van con alegría!
El joven rico no se animaba a seguir a Jesús. Aunque llevaba una vida según los mandamientos tenía miedo y no encontraba la llamada de Jesús en su vida. El ciego sí, lo encontraba y respondió con ánimo y libertad y sobre todo con alegría. Allí esta uno de los signos para ver que es Jesús. El que nos hace alegres.
Entonces: El ciego es para el evangelista San Marcos un ejemplo para los discípulos de ayer y de hoy que significa seguir a Jesús: Saber pedir de un modo concreto lo que necesito, deseo. Escuchar la vocación, la llamada de Jesús por medio de otros y seguirlo sin miedo, sino con alegría. La alegría viene de Dios. Todos necesitamos la misericordia de Dios que nos abre los ojos del corazón, para que podamos ver la salvación que Jesús nos dio en la cruz y en la resurrección. Y necesitamos ejemplos como Bartimeo para seguirlo.
Hoy quiero pedir especialmente por los argentinos, que por la parte política se encuentran triste, y a veces deprimidos. Para que todos los argentinos, especialmente los jóvenes sepan usar toda su inteligencia, su creatividad, su fe, su amor por los pobres, su humor, su energía, su buena onda para pedir lo que se necesita, para escuchar la llamada de Jesús por medio de otros y para seguir a Jesús sin miedo. Amen.


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